Decidimos realizar una escapada rural al Rocío después de una mañana de sol en el mar de Isla Cristina, donde ninguna duda del buen tiempo, existe en sus tranquilas playas.

Partimos desde la casa rular Finca Huelva después de un merecido descanso y un cálido baño en la piscina.Estudiamos el recorrido y solamente teníamos una hora de llegada hasta el pueblo, partiendo por la autovía A-49 dejando Almonte a nuestra izquierda y tomando la salía hacia la A-483, llegamos al final del camino, una polvorienta pero sentimental aldea.

El Rocío pertenece al municipio de Almonte (Huelva), está situado en una zona de marismas, donde se pueden ver nada más entrar, bellísimos caballos y potros, algunos parados mostrando su bonito aspecto físico, otros trotando ondeando sus crines al viento y lo más espectacular verles galopar por las marismas mostrándose felices en libertad. Es un espectáculo que no deja indiferente. El caballo es un animal sociable y siempre alerta que ama la libertad.

Nos adentramos en la aldea, sus casas son pequeñas y del color típico andaluz, todas ellas rodean la Ermita de la Virgen del Rocío, donde está la Blanca Paloma, nombre que se le da a esta Virgen con miles de devotos.

Sus calles están cubiertas de albero (tierra con la que se cubren los ruedos de las plazas de toros), que junto con el paseo de los caballos y carrozas hacen de la aldea un lugar mágico y singular. Hay muchas sedes de distintas Hermandades Rocieras, y muchas tiendas donde comprar el típico traje de gitana, un lugar destacado es el Paseo Marismeño frente a la ermita o la Plaza del Acebuchal, presidido por un centenario olivo silvestre.

Si hay algo que inevitablemente no pudimos dejar de visitar fue la Ermita del Rocío, parecía un cortijo andaluz, nos sorprendió en su interior, un impresionante retablo de estilo barroco que albergaba la imagen más venerada de toda Andalucía, Nuestra Señora del Rocío, conocida como la Blanca Paloma, fue esculpida a finales del siglo XIII en estilo gótico, aunque fue muy transformada en el siglo XVII.

Estando allí nos informamos de la fecha de la romería y nos comentaron que comienza el sábado vísperas de Pentecostés, a las 12 de la mañana con la presentación de las Hermandades ante la puerta del santuario.

Muchos romeros llegan a pie, a caballo o en carretas por largos caminos difíciles y polvorientos en un desfile emotivo impregnado de polvo, sudor y fe.

El Domingo de Pentecostés, a las diez de la mañana, tiene lugar la Eucaristía donde alberga la oración callada, el llanto contenido y el silencio.

Después no falta Convivencia, alegría y hermandad en esa mañana de Pentecostés.

En la noche del domingo tiene lugar el Santo Rosario.

En la madrugada del lunes, sin hora, saltan la reja, rescatan a la Virgen y se inicia la procesión; las campanas enloquecen y no dejan de sonar y una algarabía de vivas y más vivas van vitoreándola entre pétalos de rosas y plegarias de flores.

Pregunte a un lugareño que es el Roció y me sorprendió y emocionó oír la respuesta, aquí la dejo para vosotros:

“EL ROCIO es… un olé colectivo que, lanzado al aire por Andalucía, atraviesa valles y montes, campos y sierras, ríos y marismas, y, convertido en Salve, muere a los pies de la Blanca Paloma cuando se estrella contra las albas paredes de su Ermita.”

Después de hablar con sus gentes y del paseo por la aldea, la ermita, ver sus tiendas con los preciosísimos vestidos de gitana, y a los caballos sueltos en las marismas y andando por sus calles con su distinguido paso español, decidimos dar un paseo en carreta por sus calles tan singulares. Nuestro guía además de joven y simpático cantaba flamenco como un experto.

Cenamos en el Restaurante Toruño, donde te ofrecen su típica sopa marismeña o caldo rociero aparte de sepia, arroz, albóndigas, carnes, jamón, pescadito frito y un largo etcétera. Pero lo más espectacular y romántico es ver como se acerca la gente al restaurante en sus bellísimos caballos perfectamente ataviados y peinados, y su jinete, aunque no todos, vestidos con su traje andaluz y por supuesto sus sombreros de ala ancha, muchos de ellos tapean sin bajarse de él, hay una especie de barras altas donde poder dejar las bebidas para no tener que bajar del caballo, verdaderamente romántico.

Nuestra escapada rural  al Rocío nos dejó con muchas ganas de volver en fecha de romería, porque como muchos lugareños dicen la romería del Rocío no se puede describir o definir, el Roció se intuye, se siente y se vive.

Como siempre os dejo más  información aquí.